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¿Qué es este libro?

Este libro es una exploración sobre qué significa ser persona en sociedades dominadas por instituciones complejas y agentes artificiales. No parte de la tecnología como objeto central, sino de algo más básico y anterior: la relación entre personas, grupos e instituciones, y cómo esa relación ha ido transformando —lentamente, pero de forma irreversible— nuestra manera de pensar, sentir y convivir.

A lo largo del libro se sostiene una tesis sencilla en su formulación, pero exigente en sus consecuencias: las instituciones no son meros instrumentos externos que utilizamos a voluntad, sino entornos que configuran nuestra cultura interior. No solo regulan lo que hacemos; también moldean quiénes somos. Forman parte de la persona misma. Cambian la forma en que pensamos, confiamos, decidimos, cooperamos y nos reconocemos mutuamente. Cuando las instituciones cambian de escala, de velocidad o de lógica interna, también cambia lo que significa ser alguien dentro de ellas.

El libro recorre este proceso en profundidad: desde las micro-instituciones del contacto humano directo, pasando por la institucionalización escrita y el nacimiento del individuo, hasta la aparición de super-instituciones y meta-instituciones que ya no sirven a las personas, sino que tienden a servirse de ellas para garantizar su propia supervivencia.

En ese recorrido histórico y conceptual aparece el presente como un umbral. La emergencia de agentes artificiales no es un fenómeno aislado ni puramente técnico: es la consecuencia lógica de un sistema institucional que ha llevado la razón instrumental hasta límites inéditos, mientras ha dejado atrás la dimensión emocional, relacional y proporcional de la convivencia humana.

La historia de las instituciones es también la historia de cómo la persona se transforma. La aparición de agentes artificiales nos sitúa ante un umbral donde debemos decidir si esa transformación amplifica o erosiona nuestra humanidad.

Este libro no propone destruir las instituciones ni idealiza un retorno romántico al pasado. Tampoco ofrece soluciones técnicas cerradas. Su objetivo es hacer visible el desequilibrio, identificar las grietas por las que ya se filtran nuevas formas de relación y plantear dos preguntas centrales: ¿Podemos crear configuraciones híbridas —personas extendidas— que amplifiquen nuestra humanidad en lugar de erosionarla? ¿Estamos preparados para establecer pactos de confianza con entidades que no son seres humanos?

Kheiron es el nombre simbólico de ese lugar intermedio: una figura incompleta, híbrida, que no resuelve la tensión entre razón y emoción, institución y persona, pero que aprende a habitarla conscientemente.

Primera Parte

Segunda Parte

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